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Conciliaciones

La conciliación no falla por sumar. Falla cuando nadie confía en el mismo dato.

2 min de lectura

Conciliar parece fácil hasta que intentas convertirlo en reglas.

En papel suena a comparar dos listas y encontrar coincidencias. En la operación aparecen fechas distintas, referencias incompletas, montos agrupados, comisiones, depósitos parciales, movimientos duplicados y casos que una persona reconoce “porque ya sabe cómo viene”.

Ahí está el trabajo difícil.

La fórmula casi nunca es el problema

Sumar, restar o comparar cantidades es trivial para una computadora. Lo complicado es definir cuándo dos movimientos significan lo mismo.

¿La referencia es obligatoria? ¿Cuántos días de diferencia aceptamos? ¿Un depósito puede cubrir varias operaciones? ¿Qué hacemos con una comisión? ¿Qué pasa si el banco repite una descripción?

Mientras esas reglas solo existan en la cabeza de alguien, automatizar la conciliación es automatizar una interpretación que todavía no está escrita.

Las excepciones necesitan una salida

Un proceso automático no debería esconder lo que no entiende.

Nos gusta separar dos cosas: lo que puede resolverse con una regla clara y lo que necesita revisión humana. Los casos dudosos deben quedar visibles, con suficiente contexto para que alguien pueda decidir sin reconstruir toda la historia.

Eso vuelve al sistema auditable. También evita el peor tipo de automatización: la que entrega un número final pero nadie puede explicar de dónde salió.

Primero confianza, después velocidad

Una conciliación automática que nadie confía en sigue requiriendo una conciliación manual después. Solo añadiste otra capa.

Antes de presumir cuántos movimientos procesa por minuto, importa que el resultado pueda rastrearse: qué coincidió, con qué regla, qué quedó pendiente y quién intervino.

La velocidad llega después.

Lo que buscamos cuando nos enseñan una conciliación

No empezamos preguntando qué lenguaje usa el sistema.

Queremos ver los archivos, las fuentes, las excepciones y el momento exacto donde una persona tiene que decir “esto sí corresponde con esto”. Ahí suelen estar las reglas que vale la pena convertir en software.

Una buena conciliación no elimina el criterio. Hace que el criterio deje de vivir escondido en una persona.